jueves, 12 de noviembre de 2015

El color del deseo: la poderosa magia del teatro [Javier Fernandez]

José Abreu Felippe - El Nuevo Herald

Nilo Cruz recrea en El color del deseo –hermoso y enigmático título que me hace pensar en El color del verano de Reinaldo Arenas–, el comienzo de la destrucción de los cimientos de la democracia –y de la libertad– en Cuba por parte de la incipiente dictadura de Fidel Castro. Corre el año 60, el segundo de la toma del poder y, a la par de los fusilamientos sumarios comienzan las llamadas "nacionalizaciones" de empresas –muchas de las intervenidas eran ya de "nacionales", así que resultaba difícil de entender– y negocios. Preston (Ariel Texidó), un joven y exitoso norteamericano, sabe que está a punto de perderlo todo, que no tendrá más remedio que partir, como muchos ya están haciendo, pero acaba de sufrir una gran pérdida –el amor de su vida lo ha abandonado– y se obsesiona con Belén (Alexa Kuve), una muchacha que quiere ser actriz. Entonces le propone un extraño juego, que interprete exclusivamente para él al amor perdido –se proyectan imágenes evocadoras–. Otra pareja de norteamericanos algo ingenuos, Oscar y Carolyne (Serafín Falcón y Anna Silvetti), que no comprenden del todo lo que está sucediendo, permiten ver otra faceta del conflicto –la confiscación de la casa familiar–. Hay un presunto amigo, Orlando (Roberto San Martín), que representa la otra cara de la moneda, el oportunismo y el militarismo ramplón.


Francisco Javier Fernandez
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